8/05/2016

Del día que aprendí a hacer pancitos con La Panadera


No sé si me considero una persona con o sin suerte, pero la semana pasada me gané una clase de panadería a través de un concurso de instagram de Miele Chile. Y sí, ahora viene el clásico “yo nunca me había ganado nada”, creo, no recuerdo bien, y si no recuerdo, es porque seguramente no.

Hace ya un tiempo encontré una panadería cerca de mi casa que se llama La Panadera, y me gustó mucho por sus propuestas de panes diferentes (pueden leer más en este artículo que escribí acá). Sabía que la dueña estaba dando cursos de panadería y siempre me llamó la atención hacer alguno, pero entre una y otra cosa, jamás lo había hecho, así que ganar esta clase me cayó como anillo al dedo.

El sábado pasado fui a la tienda de Miele Chile, en Av. Nva. Costanera, donde tienen un espacio destinado a la realización de varios cursos que están dictando allí (todos relacionados con cocina). Si no conocen la compañía, es Alemana y se dedican a vender electrodomésticos, entre ellos cafeteras y unos hornos muy top - perfectos para cocinar pan, duh -.

De verdad fue una súper buena experiencia, desde el momento que entré al local. Todo muy shiny y fancy. Después de que fue llegando más gente, esperamos unos minutos y bajamos al salón donde se iba a dar la clase. Tenían varias mesas con sus respectivas sillas, y en cada puesto ya estaban los primeros ingredientes que necesitaríamos medidos en platitos, una carpeta con todas las recetas paso a paso impresas, delantal, galletitas yyyy después llegaron chicos a preguntarnos si queríamos algo para tomar.

En el salón también estaba Fran Leyton, la dueña de La Panadera. No voy a decir que tuve un momento fan girl, pero fue muy cool poder conocer a la cara detrás de esos panes que llevo comiendo desde hace tiempo y que encima, sabía que me iba a enseñar a prepararlos. Score.


Nos contó un poco sobre ella y sobre su negocio y nos indicó que ese día íbamos a aprender 3 recetas diferentes (y que después nos llevábamos todo lo que preparásemos a la casa. Pan saliendo hasta de mis oídos. Felicidad).
Lo primero que aprendimos a hacer fue una ollita de pan (fotos arriba), normalmente se usa para servir sopa de cebolla u otras sopas, pero se puede utilizar para colocar fondue, dips, o lo que se te cante :) en un restaurante que se llama Le Fournil, había comido la sopa de cebolla servida en una de estas ollitas que justo le vende La Panadera al restaurante, así que ya sabía qué era lo que estaba por preparar, y es un toque lindo cuando uno tiene este tipo de preparaciones (además, aunque te digan lo contrario, después te puedes comer ese pancito con los restos de sopa y oh-eme-ge).

No les voy a contar cómo hicimos preparación por preparación, pero les puedo decir que fue muy divertido y Fran nos ayudó a todos con nuestras masas, con tips, consejos, respondiendo dudas, etc.

Una vez que “terminamos” con eso - dejamos las masas descansar para que leudaran antes de ir al horno - empezamos con la receta námber tu (2): FUGAZZA. Para los que no la conocen, la fugazza es un pan delicioso (casi frito, porque se hornea, pero con bastante aceite) con cebolla arriba.


A pesar de haber odiado a muerte las cebollas durante toda mi infancia y adolescencia, eventualmente crecí y me empezaron a gustar - como pasa con casi toda la comida, que uno termina arrepintiéndose de todo el tiempo que no comió un montón de cosas por boludo -.

Cualquier persona que haya pisado Argentina y sus famosas pizzerías debe haber comido fugazza, o fugazzeta - que es la versión “tipo pizza”, con queso (salivar) - y sabe lo ricas que son. Además, aprendiendo a hacerla en casa, las posibilidades son infinitas y se le puede agregar todo lo que uno quiera. Andrea siendo una bola en 3,2,1.

Una vez que terminamos con esa preparación y la dejamos descansar, pasamos a la tercera y última que aprenderíamos en la clase: PANES CON CHIPS DE CHOCOLATE.


Estos panes los había probado en la panadería y de verdad, son de los dioses. La preparación también es bastante sencilla (aunque a veces la parte del amasado da un poco de nervios y uno siente que está haciendo todo mal porque se te pegotea la masa en todos lados) y el resultado es espectacular. Al terminar de hacer los bollitos, empezamos a pasar todo a los hornos y conversar esperando que estuviese listo todo.

Miele tiene unos hornos como de la nasa que te dejan definir niveles de humedad, temperatura, robot que le da masajitos al pan para que quede más rico (ok, eso último no, pero sí son muy místicos), así que todo estuvo listo más rápido de lo que estaría en el horno mediocre de mi casa (hola, regálenme un horno).



Todo el curso fue súper entretenido y me gustó mucho, especialmente porque llevaba tieeeempo queriendo hacerlo. Fran es seca (una dura, muy capa) y sabe muchísimo, y además muy buena onda, respondiendo todo lo que le preguntábamos y dándonos consejos para cuando hiciéramos las recetas en nuestras casas. Fue una muy buena experiencia y no, no hay fotos mías, digamos que estuve más viviendo el momento que otra cosa. Fue relajante y es muy satisfactorio aprender cosas nuevas, especialmente cuando tienen forma de 6 panes deliciosos que te puedes llevar a tu casa, preparados por ti (y MÁS si no tuviste que pagar nada, el cual fue mi caso y me siento #bendecidayafortunada).


Definitivamente les recomiendo probar este tipo de experiencias, dentro del alcance de sus posibilidades y del país donde estén. Tomen alguna clase, ensúciense las manos y aprendan algo nuevo. Para los que están en Chile, pueden averiguar más sobre los cursos directamente con Miele: cooking@miele.cl


Como siempre, estas cosas las posteo más seguido en instagram: @andrea_urdaneta y ao vivo en snapchat: andyurdaneta

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